Como bien sabeis, hace tiempo que mis viajes más exóticos no son más allá de Lisboa o Madeira. No es que lo eche de menos, porque viajar es la experiencia, no el destino, pero es menos llamativo.
Tambien he de reconocer que hay veces que viajar sólo es una putada. Esta vez es una de ellas. Y no porque necesite secretaria, sino porque en esta ocasión decidí dedicarme un tiempo para mí. Y Oporto y Lisboa con buen tiempo, son una maravilla. Y cuando vives momentos especiales…¿Qué menos que compartirlos?
Llegué a Oporto con Ryanair. 23 € desde Madrid. Se me va el glamour por los sobacos.
Estoy explorando un socio en Oporto. Los portugueses, casi todos lo sabréis, son amables y considerados. Me vinieron a buscar al Aeropuerto. Despues de la reunión, que se desarrolló durante toda la mañana, me llevaron a comer a la Ciudad Vieja. Ultimamente, cada vez que disfruto de una buena comilona, me acuerdo de los “
guisaillos”. No sé por qué, pienso que disfrutarían conmigo en mis viajes. Mejor dicho, que hemos de hablar con propiedad que la Bibi me va a mandar a un comisario de esos de la “Igualdad en los Blogs”, estoy seguro que yo disfrutaría con ellos en mis viajes. Todavía no me ha dado el punto de ponerme a fotografiar cada plato (En comidas de negocios no me negareis que es un punto), pero todo llegará.
Cabrito, y un vino fresquito que me ha encantado. Una ensalada que por la tarde en Lisboa tenía reuniones.
Lo que sí agradezco de viajar solo por España, Portugal y Francia, es el café, que no hay guarrada más grande que pedir un café en China…o en Estados Unidos.
Mi reunión vespertina era en el Aeropuerto de Lisboa. De eso se aprovechó TAP para cobrarme 140 Eurazos y no irme en tren y estar en el centro de Lisboa en dos horitas y media. Una vez finiquitada, al hotel y….
Ayer me dio por prepararme un homenaje. Escuchar Fados era una de mis apetencias, y reservé una mesa para cenar en “El Club del Fado”. Supongo que es como “Casa Patas” para el flamenco. Es decir, donde van los guiris, y los locales que llevan a un guiri.
El Club del Fado está en la Alfama, el barrio antiguo de Lisboa, en la Trasera de la Sé, o Catedral. Petado de japoneses, pero con algunas mesas de portugueses que iban a cantar y locales mezclados con guiris, de negocios.
He pedido una ensalada de pulpo deliciosa y un “bacalao a la Lisboa antiga”, acompañado con un vino del Douro. Los “Guisaillos y Malvi “ se me han vuelto a venir a la cabeza, sí sé por qué. Me he sonreído pensando en Carrascal diciendo ¡Madre mía!
El local, como los del Madrid antiguo. Con mucha solera, arcadas. El Servicio amable y eficaz…y me he comenzado a sentirme solo rodeado de gente. ¡Qué ocasión para haber compartido esta cena!
Mientras esperaba la actuación, me he acordado de los locales de Madrid, y he retrocedido 25 años cuando el Jevi y yo cantábamos Cascorro. Tampoco hubiera sido mala compañía, él, su guitarra, y yo desafinando con mi voz de tenor malo. Hace 25 años no existía la crisis, ni nos bajaban el sueldo un 5%. Nos bastaba imaginar lo que habíamos trasegado para saber si a la mañana siguiente nos dolería la cabeza o no.
Cascorro y el Jevi no se me han ido hasta que han salido los cantantes, y es entonces cuando he disfrutado, y lo he sentido de verdad. Porque ese sentimiento que transmitían merecía escucharlo en compañía. Una auténtica delicia.
El clavo, de consideración. No os fieis de las comentarios de las guías, que lo que cobran a los críticos para que les pongan bien no es lo que os cobrarán a vosotros, pero merece la pena.
Un paseo por la Alfama, al relente, disfrutando del momento, pero he decidido no seguir estirando la noche. Me gustó el paseo, pero preferí esperar a la próxima, y hacerlo de la mano, descubriendo los rincones en estéreo.
Estoy seguro de que eso no sólo merecerá la pena, sino que será inolvidable