Siempre he pensado que hacer que los niños viajen les airea la pelota un montón. No hay problema para hacer un viaje largo, como mínimo, una vez al año. Si además ellos disfrutan, como es el caso...mejor
Porque veo padres de adolescentes intentando interesar a sus hijos en detalles cuando viajan, y las jetas de infinita paciencia de esos adolescentes, que cuando me ocurra a mí, los embarco en el primer avión y que se jodan.
O sea, que sí, que soy un afortunado, porque no solo disfruta
n, sino que además se les nota y el ambiente es buenísimo. Disfruto un montón.
Alguien me dijo una vez que no entendía cómo, con lo que viajo, cuando tengo vacaciones no me quedo en casa. Y podría darle la razón, si no fuese porque viajar todos juntos es algo que me entretiene muchísimo.
Este año Egipto tenía todas las papeletas, pero solo encontramos billete de vuelta (A ver cómo cojones llegábamos), con lo que rapidamente cambiamos el destino. A todos nos gusta ver piedras. A todos nos gusta comer bien. ¡A todos nos tenía que gustar Atenas!
Primer consejo...si lo que os gusta no es torraros al sol y no vais buscando un crucero para bañaros mucho, enero es un mes cojonudo para visitar Atenas. No hay gente, te atienden bien en todos los sitios, estás sin agobios.
¿Cuantos días para ver bien Atenas con niños, relajadamente, sin parecer un touroperador Japonés? Tres. Te da tiempo a ver absolutamente todo lo importante (Y lo no importante, no nos volvamos locos), sin ir con la lengua fuera todo el día.
Para llegar a Atenas desde el Aeropuerto, buscad un hotel cerca de la Plaza Sintagma o en las cercanías de la línea 2 de Metro. Es directo, razonablemente barato y cómodo.
Nos alojamos en Megaro Moussikis, que es uno de los mejores barrios de Atenas, a dos paradas de metro de Sintagma. Los billetes de metro cuestan 1 €, los niños hasta 18 años, la mitad. El abono de 7 días 10 napos para cada uno. No interesa sacar abono para los niños...en una semana no haces 20 trayectos en metro ni siendo el conductor (El trayecto al Aeropuerto es aparte)
Nada más llegar, Carmen quería comer en Plaka, el barrio que rodea

a la Akrópolis. Primer error, se tiró en plancha a la recepcionista del hotel quien nos recomendó un restaurante con música. Solo advertí, "no queremos un restaurante para turistas". La recepcionista me contestó, "no sólo hay turistas...."
Efectivamente, los camareros eran locales. Nos dieron hasta en el carnet de identidad por una comanda infame. Me acabé de cabrear cuando quise pagar con VISA y, pese a la pegatina de la entrada, me contestaron que casualmente ese día, no les funcionaba.
Me quedé mirando al pavo decidiendo si le comentaba que no tenía nada más que la tarjeta, a ver si comenzaba a funcionar de repente el datáfono. Vi tres pares de ojos que me escrutaban y me tragué mi orgullo. Efectivamente, no era "solo para turistas", era para "turistas pringaos"
Cuando viajas con niños, los horarios los marcan los mayores,

hasta ahí podíamos llegar, pero la disciplina hay que relajarla.
LLegábamos a la Akrópolis al día siguiente sobre las 11 (Nada de eso que te cuentan en las guías de las 8 de la mañana para evitar los grupos en verano). La entrada son 12 €, pero con esta entrada se puede visitar todo lo que en Atenas es de interés menos el Museo de la Akrópolis. Hasta los 18 años no se paga. Se me ocurren muchos adjetivos en vez de caro para esto.
La impresión que me produjo el estar ahí, sin mucha gente, con tiempo para observarlo todo y la cantidad justa de asiáticos por metro cuadrado, fue fabulosa. La Akrópolis es una maravilla, sé que soy original en mis apreciaciones. Sin embargo, las restauraciones que están teniendo lugar no me satisfacen, acaban pareciendo de cartón-piedra.
Un Monstruo el Conde de Elgin quien se llevó la mayor parte de los frisos del Partenón (Desde luego, los mejor conservados) a Londres, y unos monstruos los británicos que aun hoy defienden su derecho a conservar estos monumentos.

La próxima cena de amigotes la hacemos en Londres y nos traemos el Big Ben.
La sensación de ir paseando en un entorno existente hace 3000 años a mí, por lo menos, me impresiona. Nada que ver con ese amigo, bruto él, quien me dijo que ahí no había ruinas, que solo había escombros.
En las faldas de la Akrópolis se encuentran los teatros de Herodes Atico y de Dionysos, y el Barrio de Plaka. No me quiero ni imaginar estas callejuelas en mitad de Agosto. Debo de parecer raro en mi entorno, pero a mí, eso de que me guste disfrutar de las cosas sin estar en medio de un rebaño,

no me parece nada extraño sino al contrario. Tendré que hacérmelo mirar.
Era lunes. El Museo de la Akrópolis se encuentra enfrente del teatro de Dionysos. Sospechoso no ver gente. ¡Ah! ¡Que los lunes cierran!
Paseando por Plaka y Monastiraki, encontramos la Biblioteca de Adriano, otro de los recintos donde sirve la entrada única. Supongo que habrá gente que esto no le diga nada. Todos nosotros disfrutamos como enanos del entorno y de la tranquilidad. Insisto que pasear por aquí en rebaño no debe de ser lo mismo, ni mucho menos.
Me habían hablado de un restaurante cerca de Monastiraki. Cuando llegamos nos encontramos con un edificio abandonado. La suerte fue que estábamos al lado del Mercado. ¿Alguien ha comido mal cerca de un mercado?
¡Como nos pusimos por 30 €! No recuerdo lo que tomaron

los demás. Yo, Souvlaki de cordero, con un vino muy decente y Tzatziki, que es una salsa de yogur con ajo, pepino, aceite, vinagre y el secreto de cada cocinero. Acabamos con un café turco, griego le llaman ellos
En invierno, las piedras las cierran a las 15, 30, o sea que la tarde es para empaparte de Atenas, ver sus calles, vivirlas, encontrarte con esas Iglesias bizantinas en cualquier esquina y disfrutar de la tranquilidad de los rincones y las calles en cuanto te alejas doscientos metros de la parte

turística.
Por supuesto, algo que no os podeis perder es subir al Monte Lycabetos en el funicular. Es caro de narices, pero la vista de Atenas y, sobre todo, de la Akrópolis iluminada, merece la pena. Eso sí, si haceis como nosotros que, hasta llegar al funicular fuimos andando, el paseito es curioso. Hacía un frío de pelotas, pero, otra vez, no había nadie, y la posibilidad de disfrutar a tus anchas del entorno, no se paga.
Nos quedaban unos cuantos días. El aperitivo había sido espectacular, pero todos estaban cansados como para continuar. En según qué circunstancias, no hay que abusar