Fue el primero de incontables saltos del charco que separa España de América. Había de ir a Argentina, Chile y Paraguay. Me sorprendió la diferencia entre los tres países, aparentemente tan similares por, incultura mía, pensar que como estaban poblados principalmente por emigrantes (Y bueno, en Paraguay sobre todo, esto es una falacia), daba lo mismo donde cayera cada uno.
Argentina estaba en pleno periodo de dolarización. Debía de ser el año 93, más o menos. La corrupción era galopante. Lo primero que te

pedían al proponer un negocio era que cúanto se llevaban ellos o, a la inversa, te proponían ellos un negocio basado en cúanto se llevaban ellos, que el orden de los factores no alteraba el resultado final...que se lo llevaban ellos.
Lamentablemente para ese gran país, las cosas no han cambiado demasiado. Tienen tal cantidad de golfos infiltrados en todos los estratos que es imposible que un país así salga adelante. A lo mejor esta afirmación es exagerada. No sé si hay mucha cantidad de golfos, pero sí que los ves allá donde vayas. Y se cortan poco. Comienza el carrusel al llegar a la aduana....y hasta que te vas.
El pueblo tiene ese fatalismo porteño ante lo difícil del envite, mucho gallego, jejeje, y no pelea contra esa lacra, sabiendo que no es que estén cavando su tumba, es que no van a salir de ella.
El Gobierno, con un partido Boca-River, ya les tiene distraidos 5 ó 6 meses, el resto les busca un enemigo exterior ante el que la Argentina va a luchar unida, y hasta la siguiente bancarrota.
Yo, que nunca he pagado por hacer un negocio a sabiendas, obviamente, cuando el encargado de probar los ratones de ordenador de un proyecto me pedía pasta por aprobarlos, y yo le decía "oiga, que son ratones", y el pavo me respondía "Ché, o funcionan o no funcionan" sentía que aquel no era mi sitio. No echaba la culpa al "probador de ratones". Este hacía, a su nivel, lo que hacían todos los de arriba y todos los de abajo. Cambiar eso en un país, es tremendamente complicado.
Eran los primeros tiempos, creo recordar, del Mercosur. Los argentinos estaban con Brasil, Uruguay y Paraguay. A los Chilenos les tenían vetados. Enseguida entendí por qué.
Los Chilenos eran mucho más aburridos que los argentinos, dónde vamos a ir a parar, pero eran muy organizados y trabajadores. Tradicionales, muy tradicionales, pero efectivos. Creo recordar que Pinochet todavía andaba por ahí, pero comienzo a tener ciertas lagunas.
Al llegar, con las mismas propuestas que a Argentina, lo que me vinieron a decir poco más o menos fue lo siguiente:
"¿Qué es lo que nos trae usted, oiga? Nosotros, esta tecnología la tenemos hace años. Si no tienen otra cosa, no va a ser posible" (Y no se referían a dinero)
Como veis, la diferencia de actitud en los dos países, abismal.
Para el Gobierno argentino, putear a los chilenos era politicamente rentable, pero economicamente mucho más porque, aun con la diferencia de magnitud entre los dos paises, si a los chilenos les metias en el grupo, se comían al resto. Justo lo que esta pasando ahora con Brasil, que aparte de que su magnitud sea infinitamente mayor, es un pais que va a ser una potencia en muy poco tiempo. Y esto a los argentinos les subleva, ya que ven como les pasan por la izquierda, por la derecha y por el centro países que, simplemente, en vez de tanto populismo y clientelismo, hacen los deberes.
Y es acojonante que este país, con lo que fue y lo que pudo ser, se haya estancado y no encuentre el modo de salir de esa situación, cosa difícil por cierto, mientras no fumiguen a más de uno y a más de dos golfos.
Paraguay fue un choque porque, de repente, me encontré en la España de los años 60. Tal era la situación de atraso. Ahí sí que nos miraban a los españoles como a Bienvenido Mr Marshall.
Fue la primera vez que noté el cariño ante mi origen. Estábamos cenando en el típico restaurante de Folcklore paraguayo muy famoso. Lleno de turistas. Los cantantes preguntaban por las mesas el orígen de los comensales. Estaba la ONU en pleno. Al decir que veníamos de Madrid, la gente empezó a hablar de la Madre Patria y nos comenzó a aplaudir (Aunque he retornado, no creais que me ha vuelto a suceder, o sea que asumiré que estaban pagados e incluido en el precio de la cena ;-) )
De todo el viaje recuerdo los vinos, argentinos y chilenos. Realmente muy decentes, y la carne, impresionante.
La diferencia de clases era abismal. Las villas donde vivía la clase dirigente, protegida por alambradas y soldados del ejército, fueran o no cargos públicos, mientras que un poblado de chabolas limitaba con la muralla del Palacio Presidencial de Asunción.
Se habían quitado hacía poco tiempo al Dictador Stroessner. Es curioso. Muchas veces se hace referencia a que en Latinoamérica ha habido tantas dictaduras, debido al origen de los inmigrantes en contraposición a los vecinos del Norte. Sin embargo, si nos fijamos, no solo ahí, sino en en otros países, lo que creo que pasa es que la gente está constreñida por el entorno. En cuanto les liberas de ese corsé, se manifiestan como realmente son. Y estos inmigrantes alemanes, no se quedan atrás de mucho golfo italo-hispano que haya emigrado hacia allá.
Esta teoría la elaboré, hace muchos años, cuando de niño hacía colas para cualquier cosa en el Reino Unido. Si a un pobre niño español, se le ocurría saltarse la cola, los improperios de nuestros civilizados anfitriones se oían en la casa natal del nene. Sin embargo, traspasabas a estos jubilados a Benidorm, y no sabías quien era más pícaro, si ellos o los locales.
Tenía una reunión con un Importante mando de la Policia para evaluar la posibilidad de llevar a cabo un proyecto. El cuartel era sórdido. El mando, debía de medir 1,60, más o menos. Esto lo suplía como se suple en muchos sitios. Con una gorra de plato que le levantaba 20 cms tal era la magnitud del escudo. Cuando este pollo, en aquel sitio, comenzó a quejarse de que la gente no entendía la diferencia entre libertad y libertinaje, me puse a pensar la cantidad de barbaridades que habrían ocurrido entre aquellos muros en los años precedentes y he de reconocer que mi lenguaje corporal no debía de mostrar excesiva tranquilidad.
Nos sobraba un día antes de volvernos. Decidimos alquilar un coche con chófer e ir a ver las cataratas del Iguazú.
El Area de las Cataratas del Iguazú se encuentran en el vértice de unión entre Paraguay, Argentina y Brasil, aunque, geograficamente, las cataratas separan Argentina de Brasil.
Ciudad del Este, último enclave Paraguayo antes de cruzar a Brasil me pareció la típica ciudad de buscadores de Oro del antiguo Oeste. Llena de buscavidas. Ciudad fronteriza con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.
Nada más pasar la frontera entendí que no era el mejor día para dejar de fumar. En menos de dos kms, los corruptos, entonces, policias brasileños nos hicieron pagar tres mordidas de 50 dólares cada una. Claro, craso error. Ibamos con matrícula paraguaya, y dos extranjeros. ¡Chollo!Multa por llevar las lunas tintadas. Según ellos prohibidas en Brasil. Multa porque nos faltaba un sello de vacunas (No necesario si se pasaba desde Paraguay).
Lo mejor fue cuando el tercero nos multó por llevar el coche sucio. Según él, prohibido en Brasil. Cuando le hicimos saber que era la tercera vez en menos de dos kms, dijo que nos tendría que llevar al Juzgado. Que el Juzgado estaba cerrado y que abrirían a la mañana siguiente. Que habríamos de dormir, vigilados en comisaria.
Ante esta demostración de elocuencia, pagamos. Eso sí, se debió de coscar que ya nos habían tocado suficientemente las narices y supongo que avisó a los siguientes, porque ya no volvimos a tener problemas.
Es curioso lo perjudicial que son estos comportamientos para los países. Les tomé tanta manía que pasaron casi 10 años hasta que volví a Brasil, y eso que tuve oportunidades, pero siempre intenté evitarlo. Ultimamente vuelvo a menudo y, he de reconocer, que la cosa, aunque no demasiado, ha cambiado.
Y las cataratas. Un fragor espantoso, espectacular. Sin embargo no noté que fueran unos saltos impresionantes. Más bien una naturaleza desbocada. Como si alguien hubiese abierto cien mil millones de grifos, y el agua corriese a toda pastilla. Es en esas situaciones donde te das cuenta de lo realmente pequeñitos que somos. Bueno, algunos argentinos no ;-)