miércoles, 18 de enero de 2012

MI VENGANZA DEL CHINITO

Que con los años me voy haciendo más cascarrabias no es un tema de debate, sino un hecho.

Cosas que antes me resbalaban, ahora me tocan más los ovoides. Cada vez aguanto menos la mala educación o la prepotencia y, con la libertad que da el que lo poco o mucho que hayas llegado a ser en la vida ha sido gracias a tu sacrificio y al apoyo de tu familia (Que si no de qué), me corto medio pelo en ser políticamente correcto (Aunque para llegar a los niveles de mi viejo me hacen falta unos 50 años, poco más o menos, con lo que asumiremos que no se trata de una herencia genética).

El Inglés es un idioma que hemos escogido para comunicarnos principalmente en el mundo de los negocios (Sean grandes o pequeños), pero no es una patente de corso que hayamos dado a los habitantes del Imperio o de las Islas Bárbaras, para que ellos puedan recorrer el mundo comodamente mientras los demás tragamos sables, y no es esto algo que ellos entiendan fácilmente, más bien al contrario.

Como los jubilados ingleses que se vienen a la Costa del Sol y viven en sus guetos sin aprender una mísera palabra de castellano, así se pasean la gran mayoría de los gringos por su patio trasero, entendiendo que todo el mundo ha de saber Inglés porque debe de ser el idioma de Dios, o poco más o menos. (Muy honrosas excepciones conozco que son eso, excepciones)

Estaba en Bogotá, intentando ver si con mi sonrisa y mi caída de ojos, convencía a la bella azafata de AVIANCA de que me dejase entrar en la Sala VIP aunque viajase en turista (Como el 95% de las veces, por otra parte).

En esto llegó ella. El peso de los pedrolos que portaba en cualquier apéndice de su cuerpo serviría, en tiempos, para que Iñaki Perurena se entrenase antes de batir el record con la cilíndrica de 350 kilos. Eso era imposible que se midiese en kilates si no queríamos jugar con potencias de diez. Eso se medía en kilos como poco.

Le habló en Inglés, en voz apenas audible, demostrando una educación esmerada. Comenzó a sacar cualquier tarjeta platino que yo hubiese visto. Todas menos la que correspondía a AVIANCA.

La amable azafata, que no sabía Inglés y ya es extraño, intentó explicarle detalladamente en español donde podía dirigirse, pero que ahí no podía entrar.

Por instinto iba a terciar para ayudarla, pero un ramalazo de mala baba se cruzó en mis pensamientos y me decidí a dejarle a la gringa ricachona que sufriese un poco, solo un poco. (Esas pequeñas situaciones que la vida nos proporciona a los pobres, de gozar con el mal del poderoso)

En esto que ese modelo de educación, sin levantar la voz, comenzó a escupir la mayor sarta de barbaridades que puedo haber escuchado en un idioma foráneo, y no foráneo, supongo que pensando que nadie nos enterábamos.

Ahí paso mi estatus mental de transitorio a permanente (“Te vas a joder, pero bien jodida. Aquí no entras ni aunque llames a la Guardia Suiza”), y una sonrisilla empezó a asomar en mi rostro.

Una vez que acabó de cagarse en todo aquel que no sabía inglés, en el país, en la azafata, en los indios que la rodeaban, y en el embajador del Imperio por no estar al lado suyo solucionándole el problema, me dirigí a ella.

En un Inglés deplorable como el que me adorna, pero que me permite comunicarme en cualquier parte del mundo y trabajar con dignidad en una multinacional, le indiqué que el mismo problema tienen los que solo saben inglés que los que solo saben español, pero que, seguramente, no todos tuvieron las mismas oportunidades para aprender otro idioma.

Esto fue demasiado para la rica verdulera (Con perdón para todas las verduleras). Los espumarajos salían de su boca y ya no se preocupó, ni siquiera, en mantener el tono de voz bajo.

Con una sonrisa, que cada vez se hacía más inmensa adornando mi rostro, solo le dije:

“Lo siento, no hablo Inglés”

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Dios lo que yo daría por ver tu mala baba en acción. Pobre gringa.... :-) Disfruta de esos pequeños placeres. Vuelve pronto

Winnie0 dijo...

Me dí ya cuenta de algo hace tiempo....yo voy a países donde el idioma es el ingles e intento hablarlo lo primero de todo al dirigirme a alguien....Estoy en Madrid y se me acerca un inglés y me pregunta en inglés...¡qué cosas! Un beso

Anónimo dijo...

Por cierto, te dejaron pasar a la sala VIP??

Santiago Ríos dijo...

Magnífico relato

Kikas dijo...

Anónim@m créeme...no voy dando cortes por el mundo, pero salió mi natural travieso ayer y...

Kikas dijo...

Bueno, Winnie, generalmente yo tambien...pero ayer la tipa me tocó las narices y disfruté mientras era incapaz de que le entendiesen...en fin...supongo que tendré que confesarme por mala persona
;-)

Kikas dijo...

Anónim@, la azafata me hizo la ola, una vez que comprobé que mi sonrisa no le afectaba, pero sí el nombre de la peluquería donde me había cambiado el peinado...

Kikas dijo...

Lo que fue magnífico fueron mis diez segundos de gloria, Santiago
Al cabo de esos diez segundos ella se fue y supongo que encontró ayuda y yo seguí igual de pobre que antes...

Juan Carlos dijo...

¡COJONUDO! Me encanta. Por cierto, parecida cosa pero al contrario te pasó con unos turistas españoles no se exactamente dónde ¿no es así?
Salu2

Kikas dijo...

Joder, Juan Carlos, parece que estoy todo el día cometiendo travesuras...
Si es que realmente me encuentro las situaciones, que te prometo que no las busco...
No sé si te refieres a esto que me pasó en Singapur...
Saludos desde Sao Paulo rumbo a Brasilia...

Fernando Solera dijo...

Pues creo que la señora bien que se lo mereció. Señora por llamarla de alguna manera, claro. La pobre no sabía que se estaba jugando los cuartos con un alavés...

Javier dijo...

Además de mostrar tu lado más cabroncete, y no diga que la susodicha no se lo mereciese, tú lo que buscabas era la sonrisa cómplice de la azafata...

Un abrazo

Kikas dijo...

Fernando, no…yo no me estaba jugando nada. Yo solo quería tomar una cerveza gratis, ya ves qué pobreza de espíritu. Lo que sí es cierto es que ella debió de elegir mal día para dejar de fumar
;-)

Kikas dijo...

Javier…de acuerdo en que yo mostré un lado minimamente cabroncete para putear a la verdulera con brillantes…un ratito corto
Lo que no puedo admitir es que yo lo provocase. Simplemente, en cuanto la susodicha acabó de rebuznar, comenté algo de perogrullo.
La pobre azafata, que de Inglés poco, por no decir nada, hasta que la otra empezó a soltar espuma por la boca, se pensaba que nos estábamos intercambiando los números de teléfono, tal era el tono versallesco de nuestra conversación .
En resumen, y como he dicho antes, lo único que yo buscaba era una cerveza gratis en un sillón cómodo, cosa que, por cierto, acabé consiguiendo

Gonzalo dijo...

Juas juas.

Hace unos 15 años trabajaba yo en un alquiler de coches. Teóricamente para desarrollar un sistema informático que permitiera tener siempre localizada la flota y demás... pero en la práctica, de currito alquilador.

Por aquella empresa, situada en pleno centro histórico de Sevilla, pasaban diariamente docenas de guiris pero allí el nivel de inglés apenas daba para entender un "helloooooo, i'm muzzyyyyyyyyyyyyyy". Mi querido Alfredo, que en paz descanse, era habitualmente el encargado del palique al guiri, y se defendía lo justito para explicar el tipo de coche, el precio y la forma de pago.

A mí me habían preguntado si sabía inglés, y yo había dicho que algo, pero no para tratar con los clientes. Pero al poco tiempo me di cuenta de que yo allí era primo de Francis Macius, por lo menos. Y tuve la mala idea de decirlo.

Resultado, cuando entraba un guiri, me lo derivaban directamente.

Un día Alfredo se fijó en mi conversación y descubrió el pastel. Yo no trataba a todos por igual. Al que llegaba chapurreando, intentando decir alguna palabra en español, o poniendo de su parte para hacerse entender, todo eran facilidades. Ah, pero como tú llegaras hablando con acento de granjero sureño, hablando rápido y sobre todo sin preguntar por favor si podía atenderle en inglés, le colocaba coches más caros (ojo, no que le cobrara más, sino que le decía que no había baratos disponibles), o le hacía ir a cambiar los dólares en lugar de hacerle yo el cambio, o directamente les indicaba cómo ir hacia la playa... por la carretera de Mérida.

"Eres un cabrón, Gonzalo", me dijo alguno. "Eso dirían estos bárbaros si yo llegara a su pueblo hablando con acento del Aljarafe y queriendo pagar en pesetas, así que se jodan".

Kikas dijo...

Y a mi me llaman cabrón...
Lo que es el marketing...

Mela dijo...

O sea, que con los años, más cascarrabias... ya había notado yo algo.
Jamás me he referido a mi padre llamándole "mi viejo". No me gusta esa expresión.
Pensaba que las azafatas debían saber idiomas, por lo menos, el inglés.
Y no acabo de entender el título de esta entrada.

Kikas dijo...

Por eso tú a tu padre le llamarás como quieras, y yo al mío...mi viejo....
Una cosa es una azafata, otra cosa es personal de tierra, otra cosa es personal eventual, y otra cosa es una viajera maleducada....